domingo, 11 de enero de 2015

Productos de comercio justo y local en Burgos

En los últimos tiempos está siendo cada vez más común encontrar en las grandes superficies espacios dedicados a productos de comercio justo. 

Coincidimos con las reflexiones de compañeros y compañeras de otras organizaciones en la honda preocupación por ese crecimiento desacertado, en detrimento de las tiendas tradicionales de Comercio Justo y tiendas de barrio y ecológicas, y no podemos dejar de preguntarnos: ¿hasta dónde son capaces los grandes de absorber e invisibilizar las iniciativas de los pequeños? Porque, ¡qué fácil es llegarse a una gran superficie y hacerse con todo lo que se nos antoje, incluso aquellos productos que de alguna forma calman nuestro deseo de colaborar en un mundo más justo! 
Sin embargo, olvidamos la importancia de ejercer nuestros derechos de consumidores en las tiendas tradicionales del Comercio Justo y tiendas de barrio y ecológicas,  que cada vez con más frecuencia se están viendo avocadas al cierre por la caída tendencial de sus ventas. Se trata de una muy grave situación, y por ello queremos incentivar a aquellas personas que nos rodean a que continúen apoyando a l@s pequeñ@s productor@s y a las tiendas de Comercio Justo, que mantienen una dura batalla contra los grandes intermediarios que destruyen el tejido de la economía local, social y solidaria.
Podéis encontrar muchas de estas iniciativas burgalesas en la siguiente web:  http://ignaciopalma.wix.com/burgoscj/ y en su guía para un consumo JUSTO, BIOLÓGICO Y LOCAL. 

Si queremos mantener un tejido social diverso y cercano, es importante consumir lo local, lo de temporada, lo de la tienda de la esquina. Pero más importante, si queremos que nuestro planeta y nuest@s hij@s tengan una vida digna, es necesario CONSUMIR MENOS y REUTILIZAR. Sin duda, DECRECER en nuestro consumo es imperativo si queremos tener un futuro.

6 comentarios:

  1. Sobre la disponibilidad de tierras para forestar, hay un asunto que se ha de considerar. En la actualidad la dieta media contiene 3.300 calorías, cuando lo apropiado está en las 2.500. Si se pusiera fin al régimen actual de comer por gula y golosería, sin autodominio ni respeto por sí mismo, de una forma que ya no es humana, podría ahorrarse la cuarta parte de lo ingerido, de manera que una porción igual de las tierras de cultivo serían liberadas de sus funciones agrícolas, además de que una dieta hipocalórica, basada en la noción ética de frugalidad y preeminencia de lo espiritual, es la más pertinente. Por tanto, las actuales condiciones, tan críticas, exigen no sólo un cambio en el exterior del sujeto, en el orden político, sino también en su interior, en el orden moral. Ello será, además, un gran alivio para el mundo natural. Otro tanto resultaría de la renuncia a los productos de placer, casi todos exóticos, como el café, el té, el cacao- chocolate, el azúcar (a cuya producción España destina 175.000 has.), los destilados o el tabaco, que ocupan millones de has. a nivel mundial, que podrían dedicarse a cultivos de primera necesidad o devolverse al bosque. Los pueblos del Tercer Mundo han de liberarse de esos cultivos de exportación, diversificando su agricultura y eliminado la producción de tales bienes degradadores, en vez de reivindicar, pongamos por caso, un “comercio justo” de café, pues se trata de utilizar los cafetales para cultivar alimentos básicos, y para reforestar. Ello equivale a renunciar al consumo aquel y a admitir como norma que el único “comercio justo” es el comercio mínimo entre iguales.

    Extraído del documento: LOS MONTES ARBOLADOS, EL RÉGIMEN DE LLUVIAS Y LA FERTILIDAD DE LAS TIERRAS

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  3. Compañeros, os mando otros tres comentarios. Los dos primeros corresponden al libro, Blanco bueno, busca negro pobre, de Gustau Nerin, y el tercero está extraído del Enigma de la docilidad, de Pedro García Olivo.
    Los libros todavía no los he leído ni conozco la línea de pensamiento de los autores, sólo apoyo esas ideas expuestas.
    Un saludo

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  4. Hay «actos solidarios» para todos los gustos: Semana para la Solidaridad y Torneo de Pádel para Empresas (Ayuda en Acción); Concurso de Narraciones Solidarias, Encuentro de bailes populares para recoger fondos para Nicaragua, Sabadell enciende 5.000 velas por Bolivia y La Plaza de Vic, inundada de manos de colores (Manos Unidas); Maratón de Cuentos Solidarios (Medicusmundi Catalunya); Día Universal del Niño y Día In- ternacional de la Radio y la Televisión a favor de la Infancia (UNICEF); Concierto de ópera a favor de Arquitectos Sin Fron- teras; Kilómetros de solidaridad (Save the Children); Conciertos rescatémoslos del olvido (Médicos Sin Fronteras y Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo); Fiesta del Comercio Justo (Intermón, SETEM, Alternativa 3 y Red de Consumo Solidario)... Así pues, uno puede ayudar al Sur escuchando ópera, encendiendo velas, jugando al pádel, explicando cuentos, pintándose las manos de colores, bailando danzas tradicionales, dando la mano a los desconocidos que se pongan a su lado o, sencillamente, yendo de fiesta. Incluso uno puede ser solidario participando en la surrealista Cena del Hambre que organiza Manos Unidas (sea lo que sea « cena del hambre»).

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  5. En Salisbury había una pequeña tienda de libros de segunda mano. El negocio no marchaba nada mal, hasta que abrieron en el vecindario una tienda de comercio justo de Oxfam. Para recaudar dinero, la organización de ayuda vendía en esta tienda los libros usados que la gente les regalaba. La tienda de Oxfam no solo no pagaba los libros, sino que sus dependientes no cobraban, ya que allí únicamente trabajaban voluntarios de la organización. De esta forma, Oxfam podía vender libros a un precio mucho más económico que la librería de ocasión del barrio. Finalmente, el librero tuvo que cerrar su negocio. Parece ser que el hombre no tenía un concepto demasiado elevado del comercio justo.

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  6. Incapaz de “amar” o de “odiar” el sistema político imperante, inepta para “afirmar” o “negar” una fórmula de la que deserta sin acritud -o que ‘acepta’ sin convicción-, la ciudadanía de las sociedades democráticas se hunde hoy en una apatía difícil de explicar. Marcel Gauchet busca esa explicación en un terreno equidistante entre lo social y lo psicológico. Consumido en inextinguibles “conflictos interiores”, corroído por innumerables “dilemas íntimos”, atravesado por flagrantes “contradicciones”, el hombre de las democracias -sugiere Gauchet- ya no puede cuestionar nada sin cuestionarse, no puede combatir nada sin combatirse, no puede negar sin negarse. “Lo que combato, yo también lo soy (o lo seré, o lo he sido)”. De mil maneras diversas el hombre contemporáneo se ha involucrado en la reproducción del Sistema; y obstaculizar o torpedear esa reproducción equivale a obstaculizar o torpedear su propia subsistencia. Gauchet menciona el atascamiento, la inmovilización, que se sigue de esos “imposibles arbitrajes internos”, de esas “perplejidades desorientadoras”, de esos “torturantes dilemas” de cada sujeto consigo mismo. Entre estas contradicciones paralizantes encontramos, por ejemplo, la de aquellos críticos del Estado y del autoritarismo que se ganan la vida como funcionarios o insertos en un aparato o en una institución de estructura autoritaria; la de los enemigos del Mercado y del Consumo que se aficionan a los “mercados alternativos” y a un consumo de élites, de privilegiados (artículos ‘bio’, o ‘eco’, o ‘artesanales’, o de ‘comercio justo’, o...); la de los padres de familia ‘antifamiliaristas’; la de los “defensores de la libertad de las mujeres” enfermos de celos cuando sus mujeres quieren hacer uso de esa libertad ‘con otros’; la de los antirracistas que no terminan de ‘fiarse’ de los gitanos; etc., etc., etc. La lista es interminable, y ninguno de nosotros deja de aparecer entre los afectados...

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