Periferias que alimentan la dignidad
La asamblea de personas
en paro y precarias de Xixón, ligada a la asturiana Corriente Sindical
de Izquierdas, lleva años impulsando una despensa solidaria para 150
familias, asesorías jurídicas gratuitas y otros proyectos de economía
solidaria como una cooperativa de mudanzas. Hace cuatro años y tras
vínculos con el asociacionismo rural, que se había movilizado contra
procesos especulativos, conseguían la cesión de una explotación agrícola
periurbana abandonada. En ella se lanzaron a poner en marcha un
proyecto de producción ecológica de verduras y hortalizas, manzanas,
sidra, huevos... orientada al autoconsumo y a la comercialización en
proximidad, mediante grupos de consumo y vendiendo en los locales
sindicales de la ciudad una vez por semana. Una iniciativa que a duras
penas logra ser rentable económicamente y encontrar gente que apueste
por profesionalizarse en un sector donde lograr la viabilidad es muy
complicada, pero que lentamente ha logrado replicarse en dos fincas más
de la zona sumando cerca de 8 hectáreas en cultivo. La fortaleza de la
iniciativa es la convicción de que únicamente la solidaridad es capaz de
enfrentar el individualismo y la victimización que sufren las personas
en paro.
Desde otro de los
“barrios sin retorno” como es el de Buenos Aires en Salamanca, contaba
el párroco Emiliano, han logrado articular un proyecto que conjuga la
apuesta por la permanencia en el medio rural, con la dignificación de la
vida de los habitantes de un barrio marcado por la conflictividad, el
narcotráfico y la cárcel. Un proyecto que se basa en la acogida de
personas excluidas en los pisos y la casa parroquial donde conviven
cerca de 20 personas, y su voluntad de abordar de forma comunitaria
tanto el abandono del barrio como la improbable incorporación a un
mercado de trabajo en crisis de las personas más vulnerables
(exconvictos, personas sin papeles, sin estudios...). Un proceso que
integra la reivindicación de los derechos sociales (alimentación, salud,
educación...) con la puesta en marcha de iniciativas de economía solidaria
que entre otras cosas se encargan del catering y los servicios a la
comunidad en el medio rural cercano. Además huyendo de la
estigmatización de la pobreza se negaron a colaborar con los bancos de
alimentos y el reparto de bolsas de comida, así que les quedaba una
única alternativa: la producción. Desde hace 5 años trabajan la tierra
en terrenos baldíos que les han sido cedidos, produciendo alimentos para
ellos, para grupos de consumo así como para las empresas de catering
asociadas. La última aventura en la que se han metido es proceder a la
transformación y envasado a pequeña escala para la comercialización.
En medio de la
frenética actividad por conseguir planes de formación para el empleo y
poner en marcha la despensa comunitaria, la Asamblea de Parados de
Caserío de Montijo en la deprimida zona norte de Granada, se lanzaba en
2012 a ocupar un terreno abandonado junto al rio Beiro y convertirlo en
huertos de autoconsumo. La universidad ha colaborado con la construcción
de infraestructuras como un vivero y un invernadero, y ha facilitado el
análisis de agua y tierras para certificar el cultivo ecológico
mediante un sistema participativo de garantía. La producción se
comercializa mediante grupos de consumo y en el ecomercado local.
Reciben formación de agricultores profesionales de la vega y visitas de
curiosos de todas partes, interesados en conocer lo que arrancó como una
medida desesperada ante la emergencia alimentaria y evoluciona
lentamente hacia un pequeño parque agrario autogestionado con sus
huertas, sus plantaciones de frutales y olivos, el diseño de itinerarios
peatonales o la custodia ante los vertidos ilegales de basuras.
En Pamplona (Iruña)
ante la silenciada y oculta evidencia de que había gente que pasaba
hambre, y la inexistencia de un comedor social municipal, surge en 2007
el comedor solidario Paris 365.
Un proyecto apoyado por las redes de economía social y alternativa,
mediante el cual se procede a habilitar un antiguo bar para convertirlo
en un comedor que huyera de los estereotipos asistenciales. Los 365 días
al año un reducido grupo de trabajadores y una media de 200 voluntarios
al mes cocinan para otras 110 personas en dificultad social, al
principio se trataba principalmente de varones migrantes procedentes del
sector de la construcción, pero en la actualidad la mitad de las
personas que asisten son familias autóctonas. Partiendo de una postura
crítica con los bancos de alimentos, que solo canalizan los excedentes
de la gran industria y no garantizan un acceso a una alimentación
adecuada, priorizan la donación de excedentes por parte de pequeños
productores, pequeñas empresas y particulares. Las ayudas más estables
llegaron de los agricultores de Sanguesa que donan de formar regular
cantidades que suman las cinco toneladas al año, o del vecindario del
municipio de Gabardela donde cultivan una parcela de forma comunitaria
para donar los productos al comedor, hasta lograr involucrar a la
universidad pública de Navarra donde la facultad de agrónomos mediante
un proyecto voluntario de aprendizaje-servicio cultivan para el comedor.
A lo que se suma la puesta en marcha de una despensa solidaria con
aspecto de supermercado, que abre tres días a la semana y donde las
familias se autorregulan para coger los alimentos que necesitan.
Extracto del blog decrecimiento
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